La comunicación no verbal - Flora Davis
Lo que decimos sin palabras - La comunicación no verbal - Flora Davis Profesionales

Nuevas opinión ... todo, por nuestra cultura, de una manera que sólo los antropólogos y/o sociólogos pueden estudiar con seriedad. Pues, si hasta con algo t... más

Lo que decimos sin palabras
La comunicación no verbal - Flora Davis

Aderyndhu

Nombre del usuario: Aderyndhu

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La comunicación no verbal - Flora Davis

Fecha: 19/08/13

Valoración::

Ventajas: Es muy interesante

Desventajas: Ciertos aspectos de lo que explica han variado en los últimos años.

No todo lo que se dice está en las palabras que empleamos. Eso es evidente. Los gestos con los
que acompañamos lo que decimos, el tono o incluso las miradas que echamos mientras hablamos,
además de otras circunstancias supuestamente más alejadas del ámbito de la comunicación, como
nuestra forma de vestirnos, el sitio que elegimos para hablar con otras personas o nuestras
identificaciones "biológicas", desde el sexo de cada uno a nuestro nivel de sudoración, pueden
llevar a nuestro interlocutor a interpretar un mismo mensaje de mil y una maneras distintas y
pueden decir más de nuestras intenciones que las palabras elegidas para expresarlo. No obstante,
hasta hace poco eran escasos los estudiosos de este tipo de comunicación, y puede que cuando, en
los años setenta, la psicóloga estadounidense Flora Davis hiciera de la comunicación visual, aquéllo
que durante muchos años ha quedado recluido en los espacios propios de la suposición, en el ámbito
de una especie de sexto sentido, el centro de sus investigaciones.
Por supuesto, no fue la primera que lo hacía - basta con leer en su libro las referencias a los
trabajos de Birdwhistell sobre la comunicación o los de Scheflen sobre el galanteo para darse cuenta
- pero sí es la primera que se preocupa por recopilar todas esas aportaciones particularistas, muchas
de las cuales se centraban en un único ámbito (la sexualidad, la comunicación, la educación...) para
lograr una comprensión global de la manera como los seres humanos nos comunicamos y como
marcamos nuestra propia identidad a través de una serie de patrones gestuales, algunos de los cuales
son seguidos de manera consciente y otros, simplemente, forman parte de nuestras costumbres.
Lo primero a reseñar, según Davis, es que la parte visible del mensaje es, por lo menos, tan
importante como la audible, si no lo es más. Los seres humanos, como la mayoría de los animales,
reaccionamos ante una serie de estímulos de todo tipo, la mayoría de los cuales no relacionados con
el lenguaje estructurado, y para una correcta explicación de la comunicación humana hace falta
tener en cuenta las conclusiones de múltiples investigaciones en, al menos, cinco campos: la
psicología, la psiquiatría, la antropología, la sociología y la etología (el estudio del
comportamiento),ya que sólo teniendo en cuenta todos estos ámbitos del conocimiento es posible
entender como funciona realmente la comunicación no verbal. Y es evidente que tiene razón. Por
una parte, me parece evidente la relación entre la comunicación no verbal en todas sus formas
(gestualidad, expresión facial, postura...) y la condición biológica del ser humano, que nos identifica
como grandes primates y que, por tanto,posiblemente nos asemeje en cuanto a comportamiento
inconsciente con los grandes primates. Por otra parte, los factores sexo, edad, complexión física ,
estado de salud... tienen que tener por fuerza una relación con nuestra manera de comunicarnos. Y,
para terminar, nuestra expresividad tiene por fuerza que estar relacionada con nuestra nacionalidad
y, sobre todo, por nuestra cultura, de una manera que sólo los antropólogos y/o sociólogos pueden
estudiar con seriedad. Pues, si hasta con algo tan sencillo como cómo mostrar asentimiento o
negación no nos ponemos de acuerdo - siendo así que en algunos países el asentimiento se muestra
bajando la cabeza y la negación moviéndola de lado a lado mientras en otros funciona al revés - es
obvio que las distinciones en la gestualidad y expresividad general en ámbitos más complejos puede
resultar mil veces más complicada. Es bastante lógico pensar que habrá muchas diferencias en la
forma de moverse y expresarse entre personas de cultura, sexo, edad, raza o lengua distintas, y que
cada uno de estos factores debe ser estudiado de distinto modo.
Ahora bien, tengo que hacer un pequeño apunte personal en lo que respecta a las diferencias en
el lenguaje gestual de personas con indicadores culturales distintos ya que considero que, en los casi
cuarenta años transcurridos desde la publicación de La comunicación no verbal, ha cambiado algo
esencial: el mundo se ha vuelto mucho más pequeño y se a asistido a lo que podríamos llamar
generalización de la cultura occidental en un sentido amplio, y de la cultura popular americana en
un sentido más concreto, a la vez que se han relajado los protocolos sociales. Hoy en día las
diferencias que se podrían llamar culturales se han disuelto de tal manera que estoy segura que, de
repetirse el estudio de Birdwhistell sobre el cine a día de hoy, posiblemente se creería que la
comunicación no verbal es mucho más rígida y homogénea a lo largo del mundo - y en diferentes
clases sociales - de lo que en los años cuarenta se supuso.
En todo caso, y dejando ya el tema de como estudiar la comunicación no verbal, es obvio que
esta existe y que se manifiesta en todos los estadios de la vida, aunque quizás sea mucho más
evidente en la primera infancia - un momento en que,por una parte, uno de los interlocutores carece
de posibilidades de expresarse verbalmente, mientras que por otra parte el otro interlocutor renuncia
a la comunicación verbal al comprender que el bebé no le entiende - y, más adelante, en el cortejo
humano, aunque la diferencia entre estos dos "momentos" es que el primero es un momento de
comunicación no verbal eminentemente no consciente mientras que el segundo da lugar a una
comunicación verbal bastante más buscada y artificiosa. Evidentemente a veces se mira mal a un
niño aposta para que se entere de que algo no está bien, que no debe hacerlo, y al revés, se puede
coquetear de manera inconsciente, pero muchas de las expresiones que ponemos ante niños son, por
así decirlo, automáticas, y muchas de las expresiones no verbales del cortejo son, no sólo buscadas,
sino incluso artificiosas, hasta el punto de que puede darse que la comunicación no verbal llegue a
ser engañosa, formada para enviar un mensaje claro que no tiene por qué corresponderse con la
realidad, como cuando un hombre intenta parecer seguro y tranquilizador mientras por dentro está
temblando o cuando una mujer sexualiza su imagen para dar una idea de ultrafeminidad que no
implica necesariamente que esté dispuesta a establecer una relación real. Basta con mirar a nuestro
alrededor para darnos cuenta de que las apariencias, tanto las buscadas como las que se muestran de
una manera involuntaria, no siempre dicen la verdad.
No obstante, lo que es más difícil de ver a simple vista es que, como Birdwhistell comprobó a
través del estudio del cine en los años cuarenta y como recoge Davis en su recopilación, el
comportamiento no verbal no sólo no se ajusta a lo que pretende decir la persona de manera verbal,
sino que llega a contradecirlo, muchas veces sin que el emisor de la comunicación se dé cuenta. La
mujer que, en su primera cita intenta parecer abierta y receptiva mientras cruza las piernas con
fuerza y se tapa el pecho con los brazos entrecruzados está emitiendo claramente dos mensajes
contradictorios, aunque la mayoría de las veces no lo hace de una manera consciente y casi nunca se
puede asegurar si el mensaje real es el verbal o el no verbal.
Una de las conclusiones más interesantes de todas las que se recogen en este libro es, a mi
entender, la de que la comunicación no verbal es, esencialmente, un lenguaje, y como tal puede
descomponerse en unidades morfológicas diferenciadas que pueden recombinarse para crear un
efecto distinto en cada persona. Por una parte, en aquellos gestos que son conscientes, y también en
muchos que, además de conscientes, responden a una "normativización social" - es decir, son
generales en una cultura concreta y tienen un significado reconocido por todos sus miembros - es
evidente que una secuencia concreta de gestos o un tipo determinado de mirada suele llevar a que el
interlocutor interprete lo que decimos de una manera concreta, que suele coincidir con el efecto
buscado con esa secuencia concreta. Aunque no se trata de lo mismo, podemos pensar en el
lenguaje no verbal socialmente preestablecido como en un ritual riguroso,como por ejemplo la
ceremonia del té japonesa, en el que cada uno de los pasos que se dan tienen un sentido y buscan ser
interpretados de una manera concreta. Y, por otra parte, en aquellos gestos que son inconscientes, y
que probablemente serán más frecuentes en nosotros porque ya forman parte de nuestro modo de
ser, la combinación que hagamos de nuestros gestos pueden llevar a los demás a entender de
determinada manera no ya lo que decimos sino lo que somos.
Por tanto, el estudio del"lenguaje del cuerpo" podría, al menos en teoría, ser sistematizado como
lo ha sido el del lenguaje verbal, y de hecho lo ha sido, hasta el punto de que se han establecido
muchas veces pautas para comprender qué quiere decir la gente cuando dice algo. Incluso el propio
libro de Flora Davis llega a establecer unas pautas generales de interpretación a lo largo de casi
setenta y cinco páginas. La comunicación no verbal, sin embargo, carece de las estructuras rígidas
del lenguaje verbal. Lo afirma Davis, lo afirmaba Birwhistell y es algo claro para cualquiera que
quiera verlo. No hay un código según el cual pueda interpretarse la comunicación no verbal de una
manera rígida, como si se tratase de un mensaje enviado por una emisora de radio y para entender el
cual basta con tener conocimientos del idioma en que se emite. Aunque haya puntos de encuentro
entre esas dos ideas, como la de que el lenguaje corporal, en cierto modo, varía según la lengua del
que habla - un francés habla francés y se expresa gestualmente en francés, por así decirlo - su
funcionalidad no se basa completamente en el hecho de ser completamente comprensible por aquél
que lo observa, sino precisamente por lo contrario, por dejar siempre un pequeño resquicio a la
malinterpretación o a la suposición. Es una negociación entre los interlocutores, un acto creativo
que se presta siempre a múltiples interpretaciones y que requiere tanto de la participación del
emisor como del receptor. Y por eso me parece muy lógica la afirmación final de Flora Davis de
que nunca se va a lograr crear un diccionario fiable de gestos inconscientes, porque esos gestos sólo
cobran sentido dentro de un contexto general más amplio.
Finalmente, hay que hacer hincapié en la teoría de que puede haber un mensaje en el propio
cuerpo, su forma, la expresión natural del rostro, la propia distribución de los rasgos faciales... La
primera señal que mandamos al exterior con nuestro físico, evidentemente, es el sexo, la imagen
masculina o femenina determinada en gran parte por la propia biología y en parte también por el
hecho de que, ya desde bebés, se trata de manera distinta a niños y niñas, dando lugar a
comportamientos y formas de expresión corporal distintas. Pero, más allá de eso, nuestro cuerpo
muestra mucho de nosotros, y no me refiero a los datos sobre nuestro comportamiento, si nos
cuidamos o no, si hacemos ejercicio, si tomamos el sol... sino a otros datos más sutiles que pueden
apoyar o desmentir mensajes de seguridad, de autoridad o de insinuación sexual. Y eso sin contar
con el hecho de que el propio lenguaje verbal, por repetición, suele marcarse en las líneas de
expresión, hasta que con práctica, se puede reconocer el idioma en la cara de las personas mayores.
En definitiva, puede concluirse que la importancia de la obra de Flora Davis es que sistematiza el
conocimiento sobre la comunicación no verbal en un momento en que, de la mano de los
postestructuralistas, el lenguaje verbal estaba siendo estudiado como forma de interpretación y
articulación de la sociedad y que revalorizó el estudio de la parte corporal y visual de la
comunicación sin pretender constituirse en un "diccionario" de la interpretación del mismo,
permitiendo, a la vez, reconocerlo como una recopilación del saber existente y como una base para
los avances posteriores.

Conclusión: Un libro muy interesante