Vidocq: El Mito (DVD)
¿Quién se oculta tras la máscara de espejo? - Vidocq: El Mito (DVD) Terror

Nuevas opinión ... y nos mete de lleno en un mundo de misterio , bajos fondos e incluso perversion, Un joven periodista de afanara en buscar al asesino d... más

¿Quién se oculta tras la máscara de espejo?
Vidocq: El Mito (DVD)

Naib_Stilgar

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Vidocq: El Mito (DVD)

Fecha: 31/01/02 última modificación 31/01/02 (1376 Número de veces leída)

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Ventajas: Sobre todo la puesta en escena, los efectos visuales, la ambientación, el alquimista, su máscara, su capa, Gérard Depardieu, la belleza de Inés, el Paris de 1830...

Desventajas: El argumento falla en algunos momentos de la película, la interpretación de Inés Sastre

Vidocq fue uno de los más afamados y temidos delicuentes de la Francia del siglo XIX. Durante muchos años mantuvo en jaque a toda la policía gala hasta que, nadie lo sabe con seguridad, terminó abandonando la senda del crimen para pasarse al otro lado y enrolarse en el mismo cuerpo de policía del que hasta entonces había sido el enemigo número uno. Algunos dicen que lo hizo por puro altruísmo, que de pronto se dio cuenta que "aquello no estaba bien" y se pasó al lado de los buenos para tratar de arreglar lo que hasta entonces había torcido, pero los que mejor le conocían, que no eran muchos, aseguraron que lo hizo por otros motivos mucho menos altruístas e idealistas, que simplemente perseguía limpiar su conciencia de los "pecados" que había cometido en su vida anterior como delicuente y que no dudo en delatar a sus anteriores compañeros de fechorías para conseguir el favor de la poli.



Pero lo que nos contará esta película, la primera del prometedor director francés Pitof (Jean-Christophe Comar en realidad, pero al muchacho le hizo gracia lo de ponerse un nombre cortito, como se llevaba entre los cineastas franceses de hace algunas décadas), no es la historia de la vida de Vidocq (Gérard Depardieu), sino la de su muerte. Si, no pongáis esa cara que no os he contado el final de la película, sino el principio. Nada más comenzar nos hayamos en unos obscuros pasadizos, en una especie de talleres o algo por el estilo, llenos de cadenas colgantes, rincones siniestros e iluminados solo a medias y el fuego con el que trabajan los artesanos del taller. Vidocq busca a alguien, un asesino, un ser antinatural que viste de negro, con una capa que parece otorgarle una agilidad y fuerzas sobrehumanas, pero lo que de verdad llama la atención en él es su máscara. Una máscara de color ambarino, que le cubre totalmente el rostro y en la que se refleja todo aquello que se sitúa delante del asesino. Es esa máscara la que le otorga su mayor poder, el de crear terror y desesperación en la víctima, porque cuando el asesino la encara para darle muerte, lo que aquélla vé es... su propio rostro ¿Hay algo más horrible que ver cómo te das muerte a ti mismo? Vidocq encontrará a su enemigo en una sala presidida por un horno central, asistimos a una pelea desigual en la que el ágil, rápido y poderoso asesino no tarda en hacer caer al horno a nuestro protagonista, aunque antes de caer al abismo cual Gandalf frente al Balrog (lo siento, pero tenía que hacer alguna referencia... por peregrina y pedante que quedara, pero es superior a mis fuerzas), Vidocq le pide como último deseo al asesino que destape su rostro. Éste accede gentilmente (por supuesto, que por algo es el bueno el que se lo pide) y Vidocq, ante lo que ven sus ojos, se deja caer a las llamas, siendo devorado por ellas al instante...



Tras la muerte de Vidocq, comenzará la investigación para aclarar las circunstancias de su asesinato. El encargado de hacerlo será su biógrafo oficial Etienne Boisset (Guillaume Canet), que indagará y escarbará en el polvorín en el que se ha convertido el Paris de la época por obra y gracia de la totalitaria manera de gobernar del rey Carlos X. En su camino tendrá que lidiar con bailarinas exóticas (un florero llamado Inés Sastre a la que todavía le queda bastante trecho para que se le pueda dar el calificativo de "actriz"), duros oficiales de policía que intentarán poner trabas en su investigación (ya sabéis lo coñazos que pueden llegar a ser los polis cuando se ponen a ello) y con varios enigmas de difícil solución que le conducen hacia una leyenda que recorre los bajos fondos de Paris y que habla sobre un sanguinario asesino conocido como el alquimista (si, el tipo de la máscara de espejo, veo que me habéis estudiado...), todo ello con la guinda de un final que dejará descolocado a más de uno, preguntándose qué demonios ha pasado y si se ha perdido algo. Y hasta aquí puedo escribir, al menos sobre el argumento (así que no resopléis aliviados, que no os libraréis de mí tan fácilmente).



La película mezcla realidad con leyenda, como ya se hizo en la reciente y, al menos para mí, magnífica "El pacto de los lobos". El personaje de Vidocq existió en realidad, considerándose como el que creó el cuerpo de policía francés tal y como hoy lo conocemos (aunque antes al menos no puteaban tanto a los ecologistas... aunque claro, tampoco había ecologistas a los que putear). Esta parte de veracidad se mezclará con la leyenda de el alquimista, el ser de la máscara ambarina de espejo del que ya he hablado, y del que se habló mucho, sobre todo en el barrio del temple de Paris. Se le otorgaban poderes fantásticos y aunque todos le consideraban un monstruo, también se decía que era sabio... a su manera. Se decía que su máscara, al reflejar la cara de terror de su víctima, le robaba el alma, con lo que el alquimista ganaba para sí la fuerza y, sobre todo, la vitalidad de todo aquél que asesinaba, aunque sus verdaderos motivos para matar no los desvelaré porque quizá cuente cosas que no debiera y que podrían estropear la película a quien quiera verla.



A pesar de esa mezcla de realidad con ficción, el argumento, al menos en mi opinión, no pasa de ser el de una película policiaca bastante mediocre, en el que la parte de los interrogatorios y búsquedas de Etienne por los burdeles y locales del sórdido barrio del Temple se hace larga y monótona, perdiéndose en una maraña de datos, nombres y personajes que más que aportar algo al espectador, consiguen confundirlo y que desconecte de la película (de hecho a mí me pasó, algo que no me pasaba desde Inteligencia Artificial). En definitiva, en lo referente al guión, el propio Pitof y su colega Jean-Christophe Grance han fallado al no darle el ritmo que se requiere en una película con tantos personajes secundarios y detalles a asimilar.



Pero esas fallas quedan maquilladas en gran medida por las excelencias de la puesta en escena y los efectos visuales de la película. He leído que este es el primer film hecho con cámara digital, aunque creo que ese honor corresponde a Lucía y el sexo ¿no? Bueno, supongo que alguno de vosotros me responderéis a esa duda. En cualquier caso, es impresionante la atmósfera, el mundo paralelo que es capaz de crear el genial (en este aspecto sí) Pitof. Las escenas del laboratorio del alquimista, los talleres del principio de la película...en fin, cualquier rincón de la película tiene un toque especial de misterio, obscuridad, barroquismo... bueno, no sé cómo definirlo, pero me impresionó lo que ha sido capaz de crear. Además está el clima de revuelta y violencia que vivía en las calles de Paris en 1830 por los motivos políticos que antes he mencionado, con las calles llenas continuamente de turbas de gente enloquecida quemando y destruyéndolo todo a su paso, montado barricadas y provocando reyertas continuas con la policía real. Y por supuesto el propio alquimista, el efecto de la máscara es impresionante, cuando roba el alma a sus víctimas y los movimientos de la capa y del propio asesino son sobrecogedores, los saltos, vuelos y planeos serían dignos de alguno de los mejores ballets del mundo por su espectacularidad y elegancia. Sorprende e incluso descoloca al principio, la manera de manejar la cámara, con unos primeros planos de los poros de la cara de los actores y frenéticos movimientos en las escenas de lucha o acción, pero una vez que te acostumbras al vértigo que te llega a producir la velocidad con la que se mueve la cámara en algunos momentos, se convierte en otro de los puntos fuertes de la ambientación de la película.



El reparto, en general, está bastante bien, sobresaliendo por supuesto, el inconmensurable talento para la actuación de Gérard Depardieu (pff, y que haya directores que no quieran contratarle porque su cara no está de moda...). Pero también nos encontramos con la agradable sorpresa del prácticamente desconocido Guillaume Canet, capaz de llevar el peso de la mayor parte del film. Llama la atención el poco tiempo que salen Depardieu e Inés Sastre, los supuestos protagonistas de la película (al menos fueron ellos los encargados de la promocón de la peli en nuestro país). Eso si, no sé dónde residía la gracia de la danza de Inés Sastre (florero, si, pero guapísima y espectacular como nunca la había visto) para que haya necesitado 5 meses en aprenderla, pero bueno...



En fin, una película que si bien en lo argumental no aportará mucho al espectador (lo del final está un poco sujeto con alfileres...), es digna de ver aunque solo sea para recrearse en el fantástico mundo creado por Pitof y que no me molestaré en intentar describir porque hay que verlo, sentirlo y experimentarlo para saber realmente de qué se está hablando. Pero, como ya he dicho, si buscas una historia con trasfondo y profundidad, mejor que te metas en la de el experimento (una putada vivir en un pueblo como Mérida...) o alguna similar.



Así que ya sabes, si quieres saber qué se esconde tras la máscara de espejo, ármate de valor, coge tu capa y tu sable y acércate a la sala de cine más cercana. Aunque quizá tu alma no lo soporte...

Conclusión: